Marcha 2013

Crónica- Trabajo en clases.

En cuarto medio fui a mi primera marcha. Los pingüinos, como se hacían llamar, habían convocado a una gran movilización después de años de silencio. Ese día me dediqué a tantas otras cosas. Veía como grupos de escolares de mi edad caminaban hacia Plaza Italia mientras yo tomaba café por ahí, hablando leseras de chiquilla de dieciocho años.  Fui un rato y, al igual que miles de estudiantes, me quedé parada sin hacer nada en plena Alameda. Los odiaba por idiotas que luchaban sin un fin definido.

Los años pasaron y los jóvenes se dieron cuenta que no podía ser así no más y había que llamar la atención. El año 2011 los universitarios y escolares se congregaron en el centro una vez por semana durante siete meses. No fui a ninguna convocatoria. Las veía en televisión y pensaba que su consigna no se acercaba a nada de lo que yo creía.

Es 2013. A las diez y media de la mañana salí de mi universidad, convenientemente ubicada en Pedro de Valdivia, y caminé con mis compañeros al paradero. Todos iríamos a la marcha. A la altura de Bustamante, el chofer de la micro nos hace callar y nos avisan que se están desviando las micros, que nos bajáramos ahí. Varios de nosotros nos bajamos y enfilamos por Bustamante, algunos con banderas enrolladas, otros conversando animádamente.

En Plaza Italia sobrevolaban helicópteros de carabineros y  varios oficiales iban en móviles y a pie. Me dan mucha risa. Son hombres viejos, poncherones, que realmente no me infunden miedo.

Desde Providencia se veían grupos bajando y cantando. Más cerca del parque Bustamante había una gran batucada, con malabares y gente bailando. Toda la gente estaba ahí feliz. Miles de personas, varios turistas sacándose fotos, gente mayor. Todos iban a esta gran fiesta y yo también estaba invitada. Conversé con algunos turistas, baile con 4 o 5 batucadas. Vi caminar a chiquillos, a niños, a jóvenes, a mayores, a gente adulta. Vi a famosillos de la tele, gente saltaba sobre los paraderos de micro, y esa cancioncilla retumbando por todas partes “la educación chilena no se vende, ¡SE DEFIENDE!”.

El entusiasmo de la gente era claro. Brotaban masas y masas de personas que salían del metro y se iban sumando. Por todos lados llegaban más grupos cantando y gritando según su institución “L C I! C I! C I!” “U N I uni tecni!”. Avanzaban hacia el sur, pero yo me quedé en un punto fijo. Que ganas de compartir ese sentimiento. Para mí, todo era una chacota, pero para ellos es era de verdad. La bulla era mucha, el frío también, pero con las batucadas, caminando por todos lados y saltando “para no ser paco” hicieron desaparecer todo eso. Conversé con un chino, que llevaba en Santiago una semana y encontraba todo fascinante. Se sacaba fotos agarrando lienzos y caminando como si fuera parte de la protesta.

A las once y media decidimos volver. Yo me quería quedar, lo estaba pasando increíble. La Plaza Italia estaba más vacía, pero aún se veían grupos que venían bajando por Providencia y otros por Bustamante. Y yo ya iba de vuelta.

marcha

 

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