Rehabilitada

Escorpiona de corazón. Todo en la descripción calzaba conmigo. Lo rencorosa, lo pasional, lo fiel, controladora… O eso creía yo. Me hice adicta. Esperaba las revistas, leía los comentarios semanales de ciertas páginas y leía más de alguna a la vez. Llegué a tomar decisiones en base a mi horóscopo.

Mi amiga racional me preguntó un día “¿y qué tiene que ver contigo una estrella que está a mil millones de años luz y que probablemente ya ni existe?” y de a poco fui viendo mejor. De 7 mil millones de personas, 583 millones debieran ser como yo. Personas nacidas en todos los años, países, mediterráneos, costeros, de familias buenas o malas. Todos ellos iguales a mí.

Leí de nuevo. Esta vez otro signo. Cualquiera, quería saber que decía de mí Leo, Cáncer, Piscis. De una u otra manera, también calzaban con mi personalidad, usted es una persona a la que le gustan los placeres, decía Tauro. A mí me gustan los placeres. Usted es una persona fiel, decía Cáncer. Yo me considero fiel. “Le gusta pensar mucho antes de tomar una decisión y calibra cuidadosamente cada una de las consecuencias”, me he demorado meses en elegir un escritorio calibrando mis opciones, así que sí…

¿Qué pasaba si tomaba un horóscopo al azar y hacía lo que decía para ese grupo? Nada. Nada cambiaba, porque los mensajes eran los mismos: cuide su salud, cuide a su pareja y tome decisiones que le ayuden a su futuro. A veces cambiaba levemente. “Buen momento en el amor, en el trabajo, vienen grandes proyectos y no se cargue tanto para que no afecte a su salud”. Era lo mismo, en nombre de planetas, de estrellas, Mercurio retrogrado, luna menguante.

Comencé a notar el efecto del horóscopo en otras personas. Personas que lo leían sagradamente como hacía yo, que seguían las instrucciones al pie de la letra, que compraban piedras con poderes mágicos, energéticos, vasos con agua detrás de las puertas, velas de colores según la necesidad y lo peor de todo: una hora de Pedro Engel en televisión diciendo qué hacer. Un pelota que no tiene idea a quién se dirige, pero que le da instrucciones de vida.

Alguien me comentó una vez, que escuchó la siguiente conversación en un ascensor “dejé mi carrera en la U, porque mi horóscopo dice que vienen grandes cambios en mi vida”.  Una famosa astróloga, decía que la importancia de su trabajo, era que le daba fuerza a las mujeres para que vivieran la vida que soñaban. Una vez me vieron las manos y me dijeron “tu tuviste una pérdida”. Por meses me torturó la idea en la cabeza que había tenido un aborto natural, aunque mis doctores dijeran que no.

No solo era el horóscopo, era el tarot, era el kin maya, eran los arcanos, cartas uno o lo que fuera… Todo eso no podía decirme qué hacer. Era físicamente imposible. Me di cuenta lo imbécil que sonaba cada vez que excusaba mi comportamiento con un “es que soy escorpión”. Ya ¿Y? Así fue como me rehabilité.

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