ESCRITO | Taxista

Apurada, me paré en la esquina de Mujica con Bustamante a esperar un taxi. Necesitaba llegar rápido a Providencia con Pedro de Valdivia. Al poco rato paró uno y me subí. Le pregunté si me alcanzaba con 4 mil pesos, que no tenía más. Lo vi dudoso y le dije que cuando el marcador alcanzara los 4 mil, que parara y seguía yo a pie. Revisé nuevamente mi billetera y encontré mil pesos más en otro bolsillo.

Le expliqué que mi papá me había enseñado a guardar todo mi dinero en distintos bolsillos, así si algo ocurría, siempre tenía un extra para volver a mi casa. Ahí comenzó la conversación. El me decía que este ya no era el Chile de antes, que este era distinto. Le comenté que hoy en día la gente ya no confiaba. El siguiéndome la línea de la conversación me dice “es que se suponía que la alegría tenía que llegar y no llegó ná, po”.bg-image1

Solo podía verle su oreja y un cuarto de su rostro a través del espejo. Sin más preámbulos, me contó que el Golpe de Estado lo pilló haciendo el servicio, que él había estado ahí. Le pedí que me contara cómo había sido.

“En junio llegaron a mi casa. Paró afuera un camión grande y se bajó un milico que me buscaba. Preguntó por mí con mi nombre completo y me dio la mano. Muy caballeroso. Mi papá me miró y me dijo ‘ándate al tiro a vestirte de pelao y te vai con él’. Me subí al camión y el teniente se fue a buscar a los otros cabros de mi cuadra. Jugábamos todos a la pelota en la calle cuando éramos chicos, los conocía a todos yo. Con los que estábamos arriba del camión pensábamos ‘a quiénes irán a sacar’. Los sacaron a todos, menos a uno que tenía 16 años. Yo tenía 18 y pocos meses”.

“Nos llevaron al regimiento Tacna, ese que está cerca del Parque O’Higgins. Ahí nos dijeron ‘Ya. Se van a cortar el pelo y después se van a bañar y luego se dirigen hacia allá’. Nos raparon a todos. Después de bañarnos pasamos a la revisión. ‘Tú pa fuera, tení los pies planos’ le dijeron a un vecino mío. ‘Vai a andar puro en el piso. No serví pal servicio’, le dijeron. Otro, que no quería hacer el servicio dijo ‘yo no voy a hacer el servicio, porque soy cola’. A ese lo dejaron un par de días para ver si era verdad. Muchos que no querían hacer el servicio decían eso. Otros decían que eran los sostenedores de la familia, que el papá se había ido y ¡uf! cuánta cosa que no decían pa no quedarse ahí”.

“Al tiro empezó el entrenamiento. Duchita fría en la mañana, un cafecito después, una corrida para despertar y empezábamos el entrenamiento militar. Al tiro aprendimos a armar y desarmar los fusiles, lecciones de tiro, cosas así. Nos decían ‘Va a quedar la caga en un tiempo más’. nos repetían a cada rato que iba a quedar la escoba en Chile. Por eso estaban reclutando tanta gente nueva. En agosto nos explicaron que iba a pasar. Nos mostraban películas de Argentina y del golpe de estado allá. Imagínese, nosotros no teníamos idea de nada de esas cosas”.

“La semana antes del Golpe, nos acuartelaron. Todo Santiago se acuarteló y en regiones se quedaron listos por si tenían que mandar gente en avión para apoyar la causa. Ese día, yo estaba en Agustinas con Moneda. Yo estaba a cargo del fusil (no logro recordar que arma era, pero era el encargado de su grupo). Pasaban los aviones. Los políticos tenían que salir de ahí. Una, dos, tres bombas. Ahí salió el mano derecha del ‘Chicho'(Vergara) disparando con una metralla desde la ventana del segundo piso. El teniente me grita ‘Guzmán: échatelo'”. En una luz roja, subiendo por Rancagua, alinea su ojo derecho, y sus manos en frente una delante de la otra, como apuntando con su fusil. “Como el tipo estaba disparando se movía de un lado a otro”.  Vuelve a hacer el gesto de apuntar. “Y ¡paf! Disparé. Sí po, si el tipo ese, el mano derecha del Chicho, estaba matando gente inocente. Después me dijeron que no lo había matado pero salió volando pa atrás y se entró. No me acuerdo de su nombre, tanto nombre que ve pasar uno”.

“Así me tocó a  mí el día del golpe. Tenía 18 años y medio. después de eso era ir a la poblaciones a buscar políticos. Nos mostraban películas de los políticos, para que los reconociéramos y nos mandaban a buscarlos. Algo le echaban al café. Nosotros echábamos la talla ‘uf, qué le echarán al café’, porque es que te dejaba así como (sube los codos, baja los puños y entra los hombros haciendo gesto de gorila). Después de eso nos mandaban a buscar a los políticos. Si imprimían panfletos, si los habían vistos, si eran del MIR o del Frente Pátrico (sic) Manuel Rodríguez… ese. O de partidos rebeldes, cuántas cosas habían en esa época, no sé si usted se acuerda…” Le respondo que no, que yo nací un mes después del plebiscito. “Ah, sí, ese del Sí y el No”. La cosa es que nos íbamos en camiones, nos bajábamos nosotros primero y cubríamos la cuadra. Después se bajaba el sargento, allanaba la casa y detrasito iba el teniente dando las órdenes. Así los sacaban. ¡Y no! Que mientras nosotros hacíamos eso, un camión lleno de pelaos, llegaban dos más, con más pelaos para sacar a los políticos. Es que todos estaban muy armados. Eran ellos, que siempre eran varios y nosotros. Si de ellos eran cinco disparando, nosotros teníamos que ser diez o más”.

El auto dobla por pedro de Valdivia y continúa sobre el adoquinado hacia Providencia. Viendo que se acercaba a mi destino, me puse nerviosa. Quería saber más. Le pregunté si alguna vez le afectaron todas esas muertes. La piensa un rato. “No, creo que no… Hubo una sí. Era el toque de queda y paso un viejito. El sargento le gritó ‘¡Alto ahí!’. Nada. ‘¡Alto ahí!’. Nada. ‘¡Alto ahí. Esto es una advertencia!’. El viejito se dio vuelta y empezó a disparar con un revólver. El sargento gritó a otro, el que lleva la ‘punto tres’. Tú: córtalo. Esa era un arma fuerte. que se dispara para todos lados. Las balas son grandes. entonces al pasar así, ¡TU! ¡TU! ¡TU! ¡TU! ¡TU! ¡TU! Cortó por la mitad al viejito. Las piernas pa allá y el cuerpo pal otro lado. Ese sí me impresionó mucho”.

Pagué la carrera y me bajé lentamente. No me quise ni voltear para no verle la cara de frente. Ese día en la mañana la Presidenta se emocionó hasta las lágrimas conmemorando a todos aquellos cuyos derechos humanos habían sido vulnerados. Terminó su discurso con voz entrecortada y quebrada.

Voy a cumplir 28, los mismos años que se supone volvió la alegría. Todavía queda mucho por resolver.

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