Jaime Mañalich, ex Ministro de Salud

Jaime Mañalich, ex Ministro de Salud

Cara, me quedo; sello, Minsal

Durante quince años fue director de la Clínica Las Condes. Aprendió a dirigir, a estar al frente de una gran organización, pero nunca tan grande como un ministerio. El año 2010, el presidente Sebastián Piñera lo llama para conformar parte de su equipo. El aceptó. Nunca nadie se imagina las consecuencias que un cargo público trae a las familias y a uno mismo. ¿Y si le preguntan de nuevo? ¿Si en el próximo periodo lo llaman de nuevo? “Al presidente no se le dice que no”, dice su esposa.

Por Verónica Gutiérrez.

Algunos lo conocen desde el 2010, son pocos los que lo conocen desde su juventud. Jaime Mañalich, ex ministro de salud del gobierno de Sebastián Piñera, se caracterizaba por ser un líder natural. “Le gustaba estar al frente. Nunca estaba en la segunda fila”. Comenta Victoria Contreras, amiga de la familia hace más de 40 años.

Otro que siguió sus pasos desde que tenía 15 años, fue el padre Rafael Fernández. Lo conoció desde que participaba en la juventud masculina de Schönstatt. “siempre fue líder, un chiquillo de grandes cosas, muy inteligente, con un espíritu social muy grande”. Así empieza su historia.

El año 1977 terminó de estudiar y trabajó por largos años en el Hospital José Joaquín Aguirre. “Fue una época difícil”, recuerda su esposa, Cristina Raffo. “Tenía turnos tres veces a la semana y yo le preparaba su bolso. A veces, para que viera a los niños, lo acompañábamos en las visitas a domicilio y ahí yo le enseñaba poesía, aritmética a los niños”. Recuerda que a veces, el menor, que era más tranquilo, iba con su papá al hospital y que más de alguna vez se quedó dormido en el suelo esperando.

Así pasaron los años, hasta que en 1995, se cambió de trabajo a la Clínica Las Condes. Ahí llegó como director. “Jaime tenía mucho poder ahí. Él estaba a cargo de un montón de cosas. Muchas de las decisiones, de pacientes, de salas y de administración pasaban por él”. Comenta Victoria.

“Mi papá siempre ha sido un personaje bastante particular comandado por distintas fuerzas: uno una persona muy trabajólica y obsesiva. Como dicen los gringos ‘delivers’ si se propone algo, lo hará”. Así lo describe su segundo hijo, Felipe.

El año 2005, el candidato a la presidencia, Sebastián Piñera, le pregunta si le gustaría ser parte de su equipo de trabajo si gana las elecciones. Ellos se conocían de antes. Jaime Mañalich había sido su médico general por años. Acepta. Trabajó seis meses en proyectos y propuestas. No resultó.

El Minsal

El año 2010 le pregunta de nuevo. “Estaba en mi oficina, en la Clínica Las Condes y  me llamó. Me pregunta si tengo un momento para hablar con él y le dije que sí. Me dice que bajé. Estaba esperándome en su auto. Yo salí hasta con el delantal puesto”. Ese día almorzaron en la casa del ya electo presidente Sebastián Piñera y ahí le preguntó si le gustaría ser su ministro de salud.

Tenían todo un proyecto armado, calendarios y metas. Una semana antes de asumir el cargo, vino uno de los terremotos más devastadores del país y del mundo. Como futuro gobierno, de todas maneras viajaron al sur a ver qué ocurría. Varios proyectos hubo que dejarlos de lado por esto mismo. “Esos primeros seis meses fueron horribles”, recuerda Jaime. Viajó mucho al sur a gestionar. A veces viajaba con su esposa (“quiero dejar claro, que lo de ella, lo costeé yo”) otras veces iba solo. Fueron semanas muy demandantes, donde debió aprender a ser ministro y a la vez, levantar las zonas dañadas.

Por otra parte, el hijo mayor de Mañalich, era de una postura absolutamente contraria al gobierno en el que participaba su padre. “Somos una familia tradicionalmente de izquierda. Mi hermano, el día que asume Piñera como presidente, se incribió como militante en el Partido Socialista” dice Felipe. Cristina agrega también que de todas maneras su marido le pedía consejos a su hijo, que respetaba mucho sus opiniones, la de los tres.

Luego hubo varias crisis muy duras que debió enfrentar: Freirina, los mineros, huelgas de hambres de comuneros mapuches, el incendio en la cárcel entre otras muchas cosas.

En vitrina

Antes, salíamos mucho los domingos. Hacíamos paseos con la familia, comíamos juntos. Las conversaciones siempre fueron muy abiertas. En la medida que su período como ministro iba pasando, las comidas se fueron haciendo más silenciosas” comenta su esposa, Cristina. Algo en lo que hace mucho énfasis es en lo cuidadosa que era de mantener su intimidad, pero luego veía las noticias y se daba cuenta, que aunque ella no dijera mucho, la prensa lo sabía igual.

“No somos ni Soto ni González. Somos la única familia Mañalich en Chile” comenta Felipe. Una de las cosas que le molestaron a él de este período, fueron los favores. “Gente que no me llamaba para mi cumpleaños, me pedía favores por ser mi papá ministro”.

El hecho de ser el jefe de familia un ministro de gobierno, modificó varias cosas dentro del grupo familiar. Para Felipe fue bueno. Aconsejaba a su papá y le daba datos para manejar a la gente “Me llamó antes de su primer discurso. No sabía que decir. ‘Di que eres del partido de los enfermos’ le recomendé y fue su slogan durante sus cuatro años. Me vinculé más con mi papá. Quizás hubo algunos periodos con más roces, por el desgaste que implica”. Para él la relación mejoró, porque ya no era una jerarquía donde el padre estaba un escalafón más alto que su hijo. Felipe considera que desde ese momento, su padre lo podía ver como “hijo-amigo”.

Por otra parte se encontraba el trasplante de su esposa Cristina. Al principio del periodo, ella estaba bien. Notaba que se cansaba cuando subía escaleras y fue a un médico. De a poco empezó a empeorar. Las últimas dos reuniones del ex ministro se cambiaron al departamento para poder estar con ella. Viajaba durante el día, volvía en la noche a su casa y a la mañana siguiente partía de nuevo. “Nunca faltó a ninguna reunión” Dice Soraya Boada, quien trabajó con él en el Ministerio de Salud. Hubo una en particular, que estaban trabajando, dos días después del trasplante de su esposa y lo llaman. “Al sacarle algo que tenía dentro, se le subió una burbuja de are y casi muere. Lo habían llamado antes de urgencia, pero esta vez le dijeron que llamara a sus hijos, que fuera a despedirse. Salió desencajado de la reunión”. Dice Victoria Contreras.

“para mí lo del trasplante fue difícil. Se supone que todo se ha de manejar con la mayor discreción posible, pero aquí, la chica que me donó, fue un femicidio y fue noticia. Luego, la esposa del ministro, es trasplantada y es otra noticia”.

Los últimos meses, Mañalich ya no quería más. Tenía un contador en su celular que le decía cuantos días, horas, minutos y segundos faltaban para que se acabara todo. “Cada domingo, cuando iba a la casa a almorzar, me decía ‘faltan 200 horas y blablá minutos’”. Todos sus cercanos conocían ese cronómetro y todos le preguntaban en cuánto iba la cuenta regresiva. “Es muy frustrante. Trabajas y trabajas y ves muy poco resultado”.

Pasada la tormenta y aún no hay sol

“Ha pasado casi un año desde el fin del ministerio y aún no hemos vuelto a la normalidad” dice Cristina. Lo nota en que aún las conversaciones en la mesa no son tan animadas como antes. A esto Felipe añade “ahora hablamos más de películas”. “A Jaime le gustaba tener el foco sobre él. Creo que eso no se le ha pasado. Cada semana lo puedes ver en un programa nuevo” Dice Victoria.

Todavía a veces sale en televisión y esto trae repercusiones para la familia. “El otro día una periodista lo trató como su fuera santo. Al día siguiente llamaban a la casa a la Cristi para decirle lo fantástico que era su marido”.

Le costó despegarse del ministerio. Le costó quitarse la responsabilidad de encima. Aún no lo hace del todo, concuerdas quienes lo conocen mejor. A ninguno de los miembros de la familia les gustaría que volviera a ser ministro “Pero si el presidente te lo pide, es muy difícil decirle que no” concuerdan todos. Cristina dice que quizás lo pensaría pero diría que no. Felipe dice que diría que sí. Victoria dice que quizás sí, pero que se perdería su trabajo, que él es para cosas más grandes y el Padre Rafael agrega “no se lo deseo”.

No les gusta estar bajo el foco de la prensa. “Todos te alaban y todos te odian”. Nadie pasa desapercibido. Al preguntarle a él mismo si volvería a un cargo público como el que tenía dice “No. Entraría con más de 60 años y no. Ya lo hice y no quiero”. Además piensa en su esposa, en su familia. Los demás dudan al responder. “Si volviera al ministerio, esta vez la distancia y los silencios no se podrán revertir” dice Cristina.

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