Inmigración

Trabajo Universitario

Niños sin visa ni culpa

Desde el año 2006 hasta la fecha, las inmigraciones se han incrementado en un 78%. El año 2014 se registraron cerca de 441 mil permisos de residencia en Chile. Pero son varios aún que siguen tramitando su permanencia. Mientras buscan trabajo, no pueden acceder a salud y los más pequeños, no pueden ir al colegio. ¿Cómo lo hacen? ¿A quién acuden?
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En la calle Caupolicán, en pleno Barrio Italia, donde trabajan los restauradores de muebles antiguos, entre cachureos, viejos libros y armatostes viejos, trabaja Carol Rossi. Llegó de Bolivia hace un par de meses. Afuera de su tienda, suena una vieja victrola chirriante, lijadoras y sierras. Con voz suave, cuenta que tiene un hijo pequeño de 5 años. “El otro día me acerqué a un Samu. Todavía no tenía mis papeles listos. Me dijeron algo… aun no entiendo bien estas cosas, pero me explicaron que tenía que tener Fonasa o un RUT. No tenía. Me iban a pasar como indigente. Pensé que podía traerme problemas así que dije que no. El doctor me dijo ‘Deme 10 mil pesos’, apenas miraron a mi niño, me dieron algunas pastillas y el doctor se fue. Creo que estuve menos de dos minutos ahí con el médico”.

Según la ley actual, todos los hijos de inmigrantes, menores de 18 años, independiente de su situación migratoria de sus padres, han de ser atendidos en la Salud Pública. La pregunta que surge es cómo.

Evelin Salinas también llegó hace poco a Chile. Ella ahora tiene dos hijos: Benjamín de 8 años y Mauro de 6 meses. Vive en la comuna de Estación Central con su marido, Sandro. Cuenta que en Perú las cosas no le estaban funcionando. Les hablaron de Chile como un paraíso, con trabajo, con oportunidades.  “No es fácil. Tú aquí tienes tu familia. Si no tienes para comer hoy, te vas donde tu hermano, tu mamá. Alguien te acoge. Los chilenos dicen que venimos a quitarles sus trabajos, que queremos saltarnos la fila, que queremos quitarles sus oportunidades. No es para nada fácil. Uno está solo y tienes que vértelas por ti mismo. Llegas a pedir ayuda y te dan la espalda”.

Llama la atención en varios consultorios, que varía la atención a los inmigrantes. Al estar en proceso de visado, todavía no están dentro del sistema chileno. No tienen Fonasa, no tienen Rut, no tienen un seguro. Cuando van a Salud Pública a atenderse, algunos los archivan como “indigentes”. Esto significa, que aunque no tengan una cédula válida, son chilenos y tienen RUT. En otros centros solo piden el número de pasaporte.

Los adultos, si tienen algún tipo de problema, lo resuelven, pero cuando se trata de sus hijos, la historia cambia. Se cree que la situación legal de los hijos va directamente ligada a la de los padres. Es por eso, que un chico cuyos padres están en proceso de visado, es igual de ilegal. Es difícil que los atiendan o que los reciban en colegios.

Salud

Caminando por la Alameda, solo se escuchan acentos chilenos. A esa hora, los locales comerciales abren sus rejas, se escucha por aquí y por allá el choque metálico de las cortinas de fierro al ser alzadas. A la altura de San Antonio, la cosa cambia. Se nota la diferencia. Hay un poco más de extranjeros y en la medida que se avanza hacia el río, la población extranjera es muy alta.

En la esquina con Santo Domingo, se encuentra la oficina de extranjería. Ahí todos van a regularizar su situación, van con sus niños, en familia o solos. Esperan por horas sentados en las escaleras y entre ellos, hacen grupos para conversar y entretenerse. En general, hablan español. Algunos hablan francés. La mayoría están sentados en los pasillos, en las escaleras o en las sillas de la sala de espera.

Maryflor, Espera sentada en una silla. Tiene siete meses de embarazo y lleva dos meses en el país. Todavía no ve a una matrona, porque aún no tiene su turno. “Fui a un consultorio, por allá, donde vivo yo con una tía. Ahí me dijeron que debía sacar varios papeles antes de venir a atenderme. Me pidieron mi número de pasaporte y me dieron fecha para el 5 de mayo”. Habla despacio, mira hacia todos lados antes de contar esto.

En los últimos días han circulado fotos de una mujer colombiana embarazada, Diana,  quien recibió una atención terrible en el Hospital San José. Cuenta en un post que pidió divulgar, que la atención fue muy vejatoria y mala. Esto le provocó complicaciones posteriores en su salud, además que la humillaron públicamente. La dejaron esperando en una camilla en el pasillo mientras se referían a ella como “la escandalosa”.

Las historias son tan variadas como doctores e inmigrantes hay. Evelyn Salinas cuenta como una amiga de ella recibió leche y remedios en el consultorio, aun sin terminar el proceso de residencia. Otros comentan como han tenido que burlar la ley para poder ser atendidos. En los consultorios los pasan como indigentes o simplemente sin archivar. Incluso algunos cuentan como los atiende una vecina con tratamientos caseros.

Constanza Guajardo Zenteno, estudiante de quinto año de obstetricia de la Universidad Mayor, dice “como matrona, como servicio de salud, tengo por obligación ética, que atender a quien sea que venga a mi consultorio pidiendo ayuda”. Ella dice, que en el caso que sea un extranjero, se le trata como un indigente, eso significa, que pasa por chileno y que no necesita estar afiliado a un sistema de salud nacional. Si está en proceso de visado, con el número de pasaporte basta. Por último, dice que las embarazadas, estén en el estado legal que estén, siempre son atendidas.

No es lo que dice Maryflor, tampoco lo que comenta Evelyn.  Mucho menos cuenta que si no va a ser tratado como indigente, la gente tiene que pagar diez mil pesos directamente al doctor para que vean a su hijo. “Les cambia la cara. Los ves que se pasean riéndose por los pasillos, llegan a ti y se ponen todo serios y cortantes”.

¿Quién elije Chile?

La variación en los censos, desde el año 1982 a la fecha, muestra una curva ascendente. Primero todo se mantiene muy bajo y de crecimiento poco acelerado y de un año para otro, la cifra se dispara. En 1982, llegaron cerca de 83.800 extranjeros, un 0,7% de la población chilena. Una década después, el censo arroja una cifra similar: 0,8% de la población chilena es extranjera. La diferencia es de apenas 0.1 punto porcentual en diez años. Para el año 2002, la cifra apenas sube de 105 mil extranjeros a 184 mil. A partir de ahí los gráficos se alzan al cielo. La Dirección de Extranjería y Migración arroja su propia cifra para el año 2014. Solo en un año se entregaron más de 447 mil visas para extranjeros.

Un 37 por ciento de los que llegan, son peruanos. Siguen siendo el grupo mayoritario de los que ingresan a Chile. Por una cuestión geográfica, 15 mil llegaron el año 2014 a la Región de Arica y Parinacota y se quedaron allí. Proporcionalmente, en la extremo norte del país, está el porcentaje más alto de peruanos en relación a la cantidad de chilenos habitantes, con un 6.7% de la población total.

En la capital, se encuentran la mayoría de los inmigrantes que llegan al país. En 2013 llegaron 200 mil y en 2014 llegaron 300 mil. Por la diferencia poblacional que existe entre la decimocuarta región y la metropolitana, el porcentaje de peruanos en Santiago es menor. Solo un 4.2 por ciento de la población es peruano. Ambos datos resultan evidentes si se considera que son las ciudades de llegada para el país vecino: el límite terrestre y el aeropuerto principal.

Los argentinos ocupan un segundo lugar, pero el porcentaje es menor a la mitad de los peruanos que llegan anualmente. El tercer lugar de mayor ingreso, es de bolivianos y en cuarto lugar, colombianos. El número de españoles también subió en un 20 por ciento desde entre el año 2011 y el año 2013.

Para resumir, el año 2014 se pudo haber llenado 10 Estadios Nacionales con el grupo de inmigrantes que llegó.

Educación

Varios colegios reciben a los hijos de inmigrantes, pero por estar aún en el proceso para obtener el permiso para residir en Chile, los niños entran sin matrícula. Solo van como oyentes. Muchos de ellos, deben permanecer hasta dos años en esta situación “No los pasan de curso, No pueden”. Comenta el Director de Extranjería (DEM), Rodrigo Sandoval. En Antofagasta, los colegios son más duros. En algunos establecimientos no los dejan ni siquiera ir como oyentes. “No es que no exista una ley, la hay. Lo que pasa es que estas irregularidades recaen necesariamente en la ignorancia o disposición del encargado en cada una de las instituciones”.

La historia está dividida. Muchos son los que dicen que el país los ha recibido bien, que narran como en Chile los atendieron incluso sin tener sus papeles listos. Evelyn llegó de Perú en 2014 y cuenta que se acercó a un jardín de la Junji, explicó su situación. Demostró que estaba en proceso de visado y pudo inscribir a su hijo Mauro.

Rodrigo Sandoval habla sobre esto y agrega “También los hijos de inmigrantes, que aún no hayan regularizado su situación, pero que matriculen a sus hijos en un colegio, esos niños pueden comenzar su proceso de visado”. Organizaron varias charlas en colegios santiaguinos enseñando a los directores como asesorar a las familias que llegan a inscribir a sus hijos. Les enseñaron como con la matrícula podían conseguir el permiso para quedarse en Chile. Es tan reciente, que solo lo han hecho en una decena de colegios en la capital. “Muchas veces es por ignorancia que no hacen esto. Dejan que los chicos vayan por años sin ser matriculados. Muchos de los directores conocen el proceso, pero tampoco lo aplican”.

Natalia Uribe cuenta como es para ella ser profesora de chicos peruanos. “Tengo una niña que su mamá es nana. Se vino hace años y juntó plata por años para poder traerse a su niña recién el año pasado”. A ella nadie le informó como aconsejar mejor sobre el papeleo que tiene que hacer la mujer y su hija para vivir con todas las de la ley en Chile.

En la comuna de Santiago centro y Estación Central, se encuentran los colegios con mayor índice de niños inmigrantes en Santiago. Ahí, los directores saben sobre la situación de sus alumnos. Están atentos para ayudarlos y los asesoran para apurar su proceso. Ahí no pueden hacer otra cosa, la mayoría de los alumnos vienen de lejos.

Sin Dios, pero con Ley

“Yo no vine aquí a sentarme y timbrar visas” dice enfático Sandoval. “Yo vine a trabajar y estoy haciendo todo porque esto cambie”. Lo primero es cambiar la ley. Ya están en eso y dentro de poco se reformará la ley de inmigración que existe actualmente, que evita que entre gente a nuestro país.

La asesora política del Subsecretario del Interior, Catalina Szigeti, cuenta que le ha tocado ver todo tipo de realidades en sus trabajos con las gobernaciones. “En Antofagasta no los atienden. Ni con certificados del consulado, ni nada. Simplemente no los atienden. Es tal la necesidad, que los colombianos han creado sus propios centros de salud para atender a sus compatriotas. Es netamente una cuestión de buena voluntad. En Cachapoal, por ejemplo, están contratando gente de las distintas nacionalidades para integrar a los pacientes que llegan. Es muy ambiguo todo, porque al parecer, no hay ley que los ampare. Lo que más choca, es que los niños no pueden hacer nada. Si se enferman, no hay quién los atienda”.

Al respecto, el Director de Extranjería y Migración, Rodrigo Sandoval, dice: “hay ley, pero está la que se creó en dictadura. Es una normativa creada pensando en el miedo, en aterrorizar a los inmigrantes. Se hizo correr el rumor que había 300 mil guerrilleros ilegales que querían luchar contra el régimen. ¡300 mil! ¡Recién el 2011 empezaron a llegar más inmigrantes! No tiene lógica”. Los que llegaban durante el régimen militar, debían pasar por un duro proceso de aprobación. Luego de aprobar todo, tampoco eran bien recibidos, porque a la gente le asustaba estar vinculados por los rumores que hacían correr y por miedo a meterse en problemas por estar vinculado a un guerrillero.

A la fecha se han creado tantas normas, regulaciones y modificaciones a la ley, que nadie queda fuera de esta “Pero muchos tienen miedo de preguntar” dice el Director del DEM.

Dice que por ley, todos los inmigrantes deben ser atendidos. Lo que ocurre es que existe aún mucha ignorancia sobre el tema. “La Dirección de Extranjería no debería hacer esto. Ni siquiera debería estar dando visas, eso pasa por las gobernaciones, pero aquí estamos. Peleamos con el Ministerio de Educación para acelerar los procesos y crear capacitaciones para los directores de colegios. Por el momento, hemos hecho esta capacitación para los colegios con mayor tasa de inmigrantes en Santiago. Hablamos con el Ministerio de Salud parara trabajar en conjunto. Incluso me peleé con el Ministerio del Deporte porque no querían que el partido de Colombia de la Copa América fuera en Antofagasta”.

Por otra parte, Salud pública también ha anunciado varias modificaciones en la atención. La directora nacional de Fonasa, el 27 de noviembre del 2014, dijo que podrán ser atendidos en salud pública o privada, todos aquellos que presenten su visa de residencia.

Para las embarazadas, hay incluso una normativa que exija que cualquier mujer, independiente de su situación legal, independiente de su origen, situación económica, debe ser atendida. Siempre. Además, el niño que nace, tiene su situación legal resuelta y no hereda la de la madre.

Chilenos samaritanos

La municipalidad de Recoleta, comuna con un alto número de inmigrantes viviendo allí, el año 2014, hizo varias actividades de integración para todos los extranjeros que viven en la comuna. El alcalde de la comuna ha entregado ayudas a aquellas familias de mayor pobreza y actividades culturales para la familia.

El año 2013, se creó un plan “Programa Inmigrantes”, cuyo objetivo era integrar a extranjeros, dándoles oportunidades de trabajo, capacitaciones, facilitar el acceso a los menores a los jardines de la Junji, canastas familiares, entre otros. El proyecto en total significó una inversión de 19.7 millones de pesos. Este es un caso dentro de las más de 350 comunas del país.

El Hospital Doctor Ezequiel González Cortez creó un sistema bastante novedoso. Cada doctor se especializó en una cultura. Perú, Bolivia o culturas de nuestro país, como Mapuche o Rapa Nui. Cada uno se hacía “experto” en esa cultura en particular. Iban al lugar de origen, estudiaban las tradiciones, medicina chamánica, medicina tradicional, la dieta y tantas otras características de la sociedad en cuestión. De esta manera comprendían mejor al paciente a la hora de tratarlos. “Los aymaras son tiesos, no mueven sus caras. No puedes saber si están pasando dolor o no. Hay que ser muy cuidadosos” cuenta Macarena Cubillos, funcionaria del hospital.

También hay organizaciones que asesoran, que ayudan, que acogen. Está amnistía internacional, los programas de cada comuna, los doctores y los funcionarios. Incluso en Extranjería se ve como acogen a gente y hoy, hay un funcionario haitiano. No son todos.

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